Pajaritos, Bravos Muchachos… o el arte de la impostura color ricota…

Pajarito, buenos muchachos-Solari

Cuando un nuevo disco de Solari es anunciado se produce todo un acontecimiento, no tanto musical como generacional. La noticia de estar frente a material novedoso de parte de la gran bestia pop provoca una conmoción que por algún extraño e inmerecido designio no alcanza a Skay, el otro gran partenaire de la sepultada leyenda que durante dos décadas ilumino el under primero y la producción autogestiva después. Esa magia que supo combinar el rock de la esperanzada efervescencia democrática, la tan estigmatizada movilización plebeya, la poesía criptica sobre la que mas tarde una generación deposito la interpretación de sus propias frustraciones epocales, el fantasma del legado de Luca y el truco maestro de la megamasividad sin ninguna concesión al mainstream vernáculo.

Sin embargo Solari y los fundamentalistas del aire acondicionado siguen por un derrotero incierto que acaba de hacer crisis en este, su cuarto trabajo. Sin tanta pared industrialoide pero sosteniendo empecinadamente esa densidad oscura, monótona y antojadiza, Solari no trae bajo el brazo canciones que puedan ser antologizables mas allá de la insistencia ciega en seguir siendo celebradas por sus numerosos incondicionales.

Escucho el material una y otra vez y son mas las veces que me vence el tedio que las que logra encender alguna fibra en mi. Hay una emperrada insistencia en los machaques a medio tiempo apuntalados por fraseos de viola eficaces pero insuficientes. Sabemos que ese pastiche de guitarras son parte de los ejercicios de “copy y paste” a los que el Indio se ha vuelto tan afecto en estas últimas décadas de jugueteo con los ordenadores. Los loops a lo U-2 que se percibían desde las ultimas producciones de los redondos ya no suenan refrescantes en la formula y el coqueteo con el trip-hop salvo por Amok amok, a desaparecido completamente para centrarse en los hipnóticos climas que terminan generando gancho mas a fuerza de insistencia que de gracia alguna como es el caso de Babas del diablo o Las supersticiones traen mala suerte, que en un Lobo Suelto… eran los temas “raritos” con los que rellenar o matizar, pero que aquí se expanden como epidemia por todo el disco. La monotonía solo es quebrantada de vez en cuando con alguna canción algo mas melódica, algo mas accesible, muy tributarias en su tratamiento melódico de anteriores aciertos en el repertorio de esta formación, pero que no legan ningún encantador estribillo para la posteridad. Quedamos entonces ante el panorama de canciones insuficentemente buenas como para probar la desnudes de una criolla, que ni siquiera tuvieron en suerte la dignidad de un ropaje eléctrico bajo el que abrigarse en la elegancia de riffs certeros u otros apuntalamientos mas precisos. Aveces algunas intros como las de Chau Mohicano o la mencionada Baba del Diablo amagan con que la van a romper, pero cuando irrumpen los declamaciones refritas que zigzaguean sin una linea melódica suficientemente templada en lo vocal, toda esperanza se desvanece en ese magma de poética marciana que tampoco logra ser tan sugestiva como antaño a la hora de disparar conjeturas sobre el sentido de las imágenes que Solari evoca en sus canciones.

La rockera Un par de fantasmas intenta una redención en el ante ultimo acto, dejándonos no muchos mas que unos interesantes pasajes que cruzan samplers y vientos. Para el final Mi pajarita pechiblanca el tan anunciado tema con Semilla Bucciarelli, Sergio Dawi y Walter Sidotti tiene carne pero lo que podria ser apenas una simpatica zapada entre amigos cae vencida por la impronta calamaresca que se apodera de ella, dejándonos con un disco opaco en donde las canciones se apilan entrando briosas y saliendo en fade-in con un perfil bajo que no esta a la altura de las expectativas.

Escuchando los tracks por separado el efecto de acumulación de hastío se hace mas digerible y se constata que los días menos inspirados de estos tipos pueden ser los mas lucidos de cualquiera de sus epigonos menores (como Callejeros o Pier). Sin embargo uno no puede comprender como habiendo tanta madera, tanta robusta materialidad sin mística en Skay y tanta ebullición mistificada en torno a Solari sin que este pueda catalizarla en una concreción compositiva mas solida. Menos olvidable.

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4 comentarios en “Pajaritos, Bravos Muchachos… o el arte de la impostura color ricota…

    • inargumentativo amigo, cuando Solari deje de hacerse el misterioso choreandole a Bowie charlamos. Por ahora prefiero seguir escuchando al original y si quiero magia ricotera me tendré que contentar con El Atolón de Funafuti. Se agradecería algún esfuerzo argumentativo de las chicas indignadas por que a alguien le aburre los choreos de su ídolo de la infancia.

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