Cambios

DPUna nueva formación en la banda plantea interrogantes sobre los alcances del  carácter colectivo de un proyecto. Sobre sí el planteo de un “cuidarnos” compañero no es finalmente una ilusión bienintencionada que cae tan rápido como los vicios individualistas se dejan notar.

La siempre presente tensión entre priorizar los procesos sin descuidar los resultados colisiona con la viabilidad de cierto modo del hacer, y nos obliga a replantearnos todo.

Alguna vez entendí que una banda con amigos es un proyecto insostenible, puesto que al amigo se le perdona todo. Hasta su desgano, hasta su descuido hacia nuestro esfuerzo. Alguna vez, también, asumí que un proyecto es ante todo su gente. Que si había algo que me había hecho tope, era la instrumentalización de las relaciones interpersonales en pos de un objetivo, por utópico o grandilocuente que fuere. Toda utopía se augura vivenciando su coherencia en el presente y junto a otros. ¿Pero qué pasa cuando la madures no está en sintonía para apreciar el esfuerzo en esa construcción, o la honestidad del planteo?

Hoy es momento de incorporar que, como en el amor, hay un límite para el deseo propio y para la voluntad de encuentro del otro. Que si bien, como dice el negro Dolina, siempre es mejor perder junto a los propios que ganar con extraños, tal vez los que se empecinan en descuidar los triunfos del colectivo o en no jugar en equipo, nunca fueron propios.

Un puñado de nuevas preguntas acompaña esta nueva etapa, que no sin algún dolor, vuelve a parir algunas certezas.

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Pibes Chorros

 

Pibes Chorros

Esta madrugada le estuve haciendo el aguante a un amigo por que una banda de pendejos (16 y 17 años) la tienen con entrar a afanarlo o pegarle a sus hijos. Primero creyeron que su hijo mayor los había mandado al frente por entrar a afanarle “el cultivo” al transa de al lado (un infeliz que cultiva para vender frascos de cogollos), y lo fajaron al estar llegando del laburo. Luego de que el padre (mi amigo) encarara al padre de uno de ellos increpándolo por el tema (e intentando que todo se pudiera resolver de modo domestico) este pibe vino a querer patotear a la familia con seis mas por que al parecer su propio padre (un buen hombre que se excusaba ante mi amigo pidiéndole que llegado el caso denunciara a su hijo) lo echó de la casa esa misma noche. Idas y venidas, vecinos llamando a la policía, ayuda que al mismo tiempo era rechazada por mi amigo para evitar futuras represarías por estos menores que (por lo menos ellos) confían en que serán inmediatamente soltados.

Se sabe que cuando las cosas pasan de la teoría a la biografía, de la estadística a la descarnada experiencia, se te quemen todos los papeles sobre propuestas de intervención en problemáticas de violencia social. Mi amigo sin embargo tiene algunos estudios en psicología social. Puede, a pesar de que coyunturalmente deba resolver los problemas con el pragmatismo que la situación requiere, elevarse del kilombo en una reflexión acaso mas elaborada que el fachistoide “hay que matarlos a todos”.

Y los dos veníamos caneando. Es cierto que en el imaginario de todos (ellos y nosotros), existe efectivamente la impunidad a partir de saberse menores. Pero hay preguntas mas profundas respecto a por que un puñado de pibes decide todos los días “batirse” en lances tan desafortunados como los que van desde robarles a sus propios y mas próximos vecinos hasta sentir que deben volver a amedrentar a sus pares por que en ello se juega una suerte de prestigio en una supuesta territorialidad que deben sostener denodadamente.

Estos pibes no afanan por hambre. Son de una condición humilde, pero para las “necesidades básicas” (diría un materialismo que atrasa dos siglos) ya existen programas sociales que ponen el acento no solo en lo material, sino incluso en lo simbólico. En eso que pomposamente se denomina la inclusión. Es que estos mismos programas ya no solo configuran los meros paliativos que representaron en el momento de su implementación, sino que han evolucionado hasta alentar o exigir como contraparte otros modos de participación/democratización simbólica, como la finalización de los estudios o el incentivo a las carreras de grado por vía de becas o creación de mas universidades. ¿A que voy con esto? Mi hipótesis es que este modo de vandalismo, acaso mas cruento y naturalizadamente pendenciero, que el que yo conocí en mi juventud, se expresa por la absoluta carencia de proyecto, en al menos dos generaciones.

Y repito, no es que el país no haya cambiado. Objetivamente, lo hizo, aunque el buen Dr Salvia no quiera notarlo. Basta contrastar la capacidad adquisitiva de los sectores populares a partir del 2003… Sin embargo hay conglomerados urbanos en los que una segunda generación de desocupados no han visto a sus padres trabajar. Y no es “gracias a los planes” como todo el tiempo están prestos a decir los cualunquistas de siempre. Sino por que sencillamente hablamos de una fracción de la sociedad que ha quedado verdaderamente afuera de toda aspiración de movilidad social ascendente por vía del estudio o el trabajo. Sí, es un tema “aspiracional” como les gusta decir a los publicistas! No son las condiciones objetivas, sino subjetivas (al decir de el Ché) las que inhabilitan a estos jóvenes, poder pensarse como otros sujetos que sujetos de consumo.

Por ello, por que lo único que importa es el consumo, el horizonte de expectativas de mi generación y la siguiente se pierde en los hedonistas interrogantes de ¿que hacer este fin de semana? ¿Como procurarse altas llantas? ¿Como pegar esa motito que me lleve y me traiga con mi chica? Y ¿Como acceder a sustancias que me abstraigan de esta realidad de privaciones e imposibilidades? Pero pregunto yo ¿acaso esta ultima enumeración de las motivaciones son otra cosa que el horizonte de sentido de toda esta sociedad que hemos sabido construir?

La única diferencia es que la clase media, que a los efectos es igualmente mediocre en sus aspiraciones, no esta dispuesta a delinquir. Su capacidad de adquisitiva la redime de algo tan bochornozo. Es la intersección entre posmodernidad hedonista e inmediatista y la absoluta carencia de proyección espacio-temporal propia de la exclusión social, del habitús de los mas relegados. Esos que se revientan los morlacos hoy por que mañana no saben si los tendrán, mientras la clase media gusta condenarlos por no ser lo sacrificadamente ahorrativos burgueses que ellos han podido ser. Lo cual nos deja con este cóctel inasimilable de sordidez y consumismo, que en las fantasías de fachistoides se resuelve con una nueva “colimba” para castigar a la pobreza por la vía de una militarización que ni remotamente se entiende como vocación de servicio patrio.

Me voy a la cama con algunas intuiciones de por donde viene todo el kilombo. Pero con la inquietante certeza de no tener demasiadas pistas sobre cuales serian los modos de intervención, no canallas, no demagogicos, no ingenuos, pero no estigmatizantes, para tener una sociedad mejor de la que venimos heredando.

 

Dicen que esta vez la culpa no es de los villeros

Cumbia Villera

Estos días pesqué al vuelo en varios medios, alusiones a la pobreza creciente reflejada en la proliferación de villas. Me pareció extraño encontrar la invocación a las villas fuera de un contexto próximo a la delincuencia que tan impunemente liga y naturaliza el discurso massmediatico cotidiano. Una compañera me acerca un articulo La Nación del pasado domingo y entonces caigo en la cuenta de la fuente que viene nutriendo la linea editorial de toda estas paparruchadas que los comunicadores del régimen reproducen.

Agustín Salvia, a quien referencio por haber asistido a sus teóricos como jefe de cátedra de Metodología de la investigación social en la carrera de CCOM de la UBA, es el flamante entrevistado. La nota glosa los resultados de una investigación llevada a cabo por el Observatorio para la Deuda Social de la UCA, del cual Don Agustín oficia como coordinador. Según reza el lapidario titular de la misma: “El Gobierno ha multiplicado los efectos de la desigualdad social en un contexto de crecimiento”.

En rigor el cuerpo del articulo no explica esto, solo parece inducir a través de estimaciones que no dan cuenta de los parámetros metodológicos de la investigación (cantidad de casos del muestreo, población seleccionada, criterios de selección del universo muestral, etc) el hecho de que existe un sector de la sociedad cuya situación de precariedad a quedado “cristalizada” y en el peor de los casos a sido “reproducida”, inferimos, por que su descendencia tampoco encuentra posibilidades fácticas de movilidad social ascendente. También admite la investigación que esta ha sido una “década ganada” para los sectores medios, pero… “No sólo no ha revertido esta tendencia, la ha reproducido. Crecen las torres, pero crecen las villas y los asentamientos. Se dinamizaron los sectores de punta y también los sectores informales. ¿Creció La Salada? Creció, pero no dejó de ser La Salada, con salarios de pobreza, salud de pobreza, educación de pobreza“, abunda el académico.

Buena parte de sus argumentos son falaces y existe una parte del diagnostico certera, aunque entran en juego otras causalidades menos lineales que las que aquí se establecen. Rebatir cada punto me llevaría a explayarme un buen rato, de modo que no lo haré. Bastara poder exponer algunas aristas que aquí se invisibilizan, para tener un panorama mas acabado del fenómeno de la desigualdad estructural y la exclusión persistente en los sectores populares. Tema que conozco no solo desde mi formación académica, sino también desde mi propio transito biográfico a partir de mi procedencia de barriadas humildes y de mi experiencia militante con sectores populares en los últimos años.

La gran sonsera que aquí se dice y los medios no dejan de reproducir es que el incremento de las villas es a causa de un empobrecimiento creciente de la población. La primer pregunta que yo haría es si alguno de estos getones ¿Saben como se origina una villa? No salen de un repollo sino que en lineas generales responden a movimientos migratorios. A principios del siglo XX fueron los conventillos que apiñaban a los migrantes intramarinos en el hacinamiento urbano. Con la industrialización del primer peronismo las migraciones internas de los “cabecitas” del interior conformaron los primeros asentamientos precarios que por supuesto se “cristalizarian”, como le gusta decir a Salvia, con la economía regresiva de la libertadora que para invisibilizarlas no tuvo mejor ocurrencia que bautizarlas con nombres simpáticos como Villa Tachito. Con la reactivación de la ultima década, la posibilidad de empleo atrajo a las periferias de AMBA un millar de migrantes de los países limítrofes. La explicación mas honesta para este fenómeno es: Hay mas asentamientos precarios por que aumento el empleo en los centros urbanos. Allí donde Salvia señala “Crecen las torres, pero crecen las villas” cabria reponer “Crecen las villas por que crecen las torres”. Es decir: Hay laburo. Y con ello condición de posibilidad para la mejora de la calidad de vida.

Otro aspecto que se señala como causal reproductor de la exclusión es la falta de estudio en los jóvenes. Seguramente el muestreo no contempla la matricula de los programas de educación para adultos FinEs y FinEs 2, a través de los cuales miles de adultos pueden mostrarle orgullosos a sus hijos que ellos también están terminando sus estudios.

Hay estadísticas (no cifras ya que no es un censo) sobre la cantidad de jóvenes que no estudian, lo que no hay es una comparación con periodos anteriores. Lo cual genera imágenes distorcivas ya que está ha sido una década donde la inversión en educación estuvo a la orden del día. Si a ello le sumamos la cantidad de programas sociales que efectivamente funcionan exigiendo la escolaridad de infantes y adolescentes como una contra prestación, la afirmación de que el cuadro se haya agravado es absolutamente inconsistente.

Sin embargo cabe preguntarse, con sinceridad,  en que medida estas políticas de inclusión son realmente efectivas. Sabemos quienes trabajamos estas problemáticas, que una segunda generación de desocupados es algo arduo de remontar. Y no es una excusa, sino el deterioro objetivo sobre el tejido social que heredamos del neoliberalismo. Cabe aquí una interrogación honesta sobre el margen de maniobra de un Estado en recomposición, respecto de un sector social que ya había sido desprovisto de capacidades de inserción al mercado laboral formal en una sociedad cada vez mas excluyente. Hablo de hombres y mujeres desprovistos de oficios e instrucción básica, de la disciplina laboral mínima que otorgaba la era fordista como el riguroso cumplimiento de horarios, y portadoras de estigmas en el habla, en el trato… Cúmulo de “carencias” que inhabilitan un empleo a la vez que generan verdaderos deterioros en la autoestima de la persona al punto que la exclusión no se vive como una situación sino como una condición crónica. De esto no saben demasiado los buenos burgueses, campeones en eso del progreso individual, que con sucinta liviandad comentan el bochorno de que con sus impuestos “hay gente a la que le dan plata por no hacer nada”.

Este año tuve la posibilidad de dictar clases en la Diplomatura en Operador Socio Educativo en Economía Social y Solidaria. Mas allá de lo pomposo del titulo este es un programa impulsado por los ministerios de Educación, Desarrollo social y universidades varias, y lo que allí se intento hacer es una transferencia de formación para las cooperativas del programa Argentina Trabaja (o Argentina Descansa, como prefiere decirle Macri y los brutos de su laya). El objetivo de la diplomatura es dotar a esos colectivos de trabajo que hoy (casi todos) hacen tareas de saneamiento a cambio de un sueldo subsidiado, de las herramientas para la independizacion del subsidio estatal y la generación de autoempleo. ¿Cuantos cumpas estarán dispuestos a hacer ese salto? No lo se. La política publica genera los dispositivos, pero hay un aspecto que solo puede superarse con cuerpo y esfuerzo en los territorios. Programas sociales mas militancia REAL, para que en el mejor de los casos, parte de esa generación diezmada pueda intentar superar su condición. El neoliberalismo se tatuó en una buena parte de la población como una yaga viva, no como una categoría académica. Estas son las cosas de las que los observatorios de la academia chupacirios no habla.

Lo que sí es una asignatura pendiente del modelo es el trabajo informal. Y no hablo de la generación de autoempleo, cuestión que viene ligada a la descomposición de un mercado laboral que ya no acogerá al sector al que antes nos referíamos. Quien fue desempleado en los 90s lo seguirá siendo, sera un emprendedor cuentapropista o beneficiario de un programa social. Me refiero a la informalidad encubierta en contratos basura, monotributeo al mismo Estado y demás modos patológicos de encubrir la precarización. El “cuentapropismo” no tiene representación gremial y estuvo fuera de la agenda de la CGT hasta que Moyano comenzó a tematizarlo a partir de su alejamiento del gobierno.

Algo sobre este tema le escuche decir al Chino Navarro respecto de la necesidad de integrar a la economía popular (“La salada”) al sector productivo formal. Me parece que es un debate que desde la militancia debe comenzar a impulsarse con mas persistencia, ya que junto (o a causa de…) la concentración/extrangerización de la economía, representaran a la larga un techo al modelo distributivo que se sostiene en la creación de empleo a partir de la generación de un mercado interno.

De allí a decir tan alegremente que aquellos que hace diez años concurríamos a los clubes del trueque hoy estamos igual o peor… Yo tengo para comentarle al Sr Salvia y sus canallas de la oligarquía clerical de la UCA que la militancia que se organizaba en torno al triste recuerdo de los comedores que descomponían la mesa familiar como ámbito de encuentro (instancia superada a partir de la asignación universal que ademas garantiza escolarización y vacunción infantil), hoy se ejerce en torno a espacios como los Centros Culturales. Desplazamiento que habla a las claras de la transformación de las urgencias desde el plano mas inmediatamente material al simbólico. Que la cumbia villera que cantaba la afirmación desesperada del delito como identidad social en la mas sórdida exclusión hoy celebre en los wuachiturros la argentina del consumo de motos y Lacoste como posibilidad concreta de apropiación plebeya de esos bienes. Que hay 13 nuevas universidades bien alejadas de la ciudad puerto, garantizando una matricula en la que en promedio el 90% de su concurrencia son primera generación de universitarios transitando su experiencia en la educación superior. La lista de las mejoras objetivas en la calidad de vida es cuantiosa y si la inflación nos roba hoy la capacidad adquisitiva es justamente a causa de un modelo que funciona con una economía recalentada y del cual se vale miserablemente el empresariado. Me gustaría saber si ese dichoso observatorio agrega en su documento alguna recomendación respecto a las medidas para evitar las supuestas carencias que se señalan. Quisiera saber yo ¿cual es el carácter de la intervención que anhela la UCA para este modelo “neodesarrollista” (como lo caracteriza)? Así podríamos conocer también el signo ideológico de quien hace los señalamientos y la dirección que a los poderes tras la generación de estos discursos, le gustaría que la Argentina sea encaminada.