Dicen que esta vez la culpa no es de los villeros

Cumbia Villera

Estos días pesqué al vuelo en varios medios, alusiones a la pobreza creciente reflejada en la proliferación de villas. Me pareció extraño encontrar la invocación a las villas fuera de un contexto próximo a la delincuencia que tan impunemente liga y naturaliza el discurso massmediatico cotidiano. Una compañera me acerca un articulo La Nación del pasado domingo y entonces caigo en la cuenta de la fuente que viene nutriendo la linea editorial de toda estas paparruchadas que los comunicadores del régimen reproducen.

Agustín Salvia, a quien referencio por haber asistido a sus teóricos como jefe de cátedra de Metodología de la investigación social en la carrera de CCOM de la UBA, es el flamante entrevistado. La nota glosa los resultados de una investigación llevada a cabo por el Observatorio para la Deuda Social de la UCA, del cual Don Agustín oficia como coordinador. Según reza el lapidario titular de la misma: “El Gobierno ha multiplicado los efectos de la desigualdad social en un contexto de crecimiento”.

En rigor el cuerpo del articulo no explica esto, solo parece inducir a través de estimaciones que no dan cuenta de los parámetros metodológicos de la investigación (cantidad de casos del muestreo, población seleccionada, criterios de selección del universo muestral, etc) el hecho de que existe un sector de la sociedad cuya situación de precariedad a quedado “cristalizada” y en el peor de los casos a sido “reproducida”, inferimos, por que su descendencia tampoco encuentra posibilidades fácticas de movilidad social ascendente. También admite la investigación que esta ha sido una “década ganada” para los sectores medios, pero… “No sólo no ha revertido esta tendencia, la ha reproducido. Crecen las torres, pero crecen las villas y los asentamientos. Se dinamizaron los sectores de punta y también los sectores informales. ¿Creció La Salada? Creció, pero no dejó de ser La Salada, con salarios de pobreza, salud de pobreza, educación de pobreza“, abunda el académico.

Buena parte de sus argumentos son falaces y existe una parte del diagnostico certera, aunque entran en juego otras causalidades menos lineales que las que aquí se establecen. Rebatir cada punto me llevaría a explayarme un buen rato, de modo que no lo haré. Bastara poder exponer algunas aristas que aquí se invisibilizan, para tener un panorama mas acabado del fenómeno de la desigualdad estructural y la exclusión persistente en los sectores populares. Tema que conozco no solo desde mi formación académica, sino también desde mi propio transito biográfico a partir de mi procedencia de barriadas humildes y de mi experiencia militante con sectores populares en los últimos años.

La gran sonsera que aquí se dice y los medios no dejan de reproducir es que el incremento de las villas es a causa de un empobrecimiento creciente de la población. La primer pregunta que yo haría es si alguno de estos getones ¿Saben como se origina una villa? No salen de un repollo sino que en lineas generales responden a movimientos migratorios. A principios del siglo XX fueron los conventillos que apiñaban a los migrantes intramarinos en el hacinamiento urbano. Con la industrialización del primer peronismo las migraciones internas de los “cabecitas” del interior conformaron los primeros asentamientos precarios que por supuesto se “cristalizarian”, como le gusta decir a Salvia, con la economía regresiva de la libertadora que para invisibilizarlas no tuvo mejor ocurrencia que bautizarlas con nombres simpáticos como Villa Tachito. Con la reactivación de la ultima década, la posibilidad de empleo atrajo a las periferias de AMBA un millar de migrantes de los países limítrofes. La explicación mas honesta para este fenómeno es: Hay mas asentamientos precarios por que aumento el empleo en los centros urbanos. Allí donde Salvia señala “Crecen las torres, pero crecen las villas” cabria reponer “Crecen las villas por que crecen las torres”. Es decir: Hay laburo. Y con ello condición de posibilidad para la mejora de la calidad de vida.

Otro aspecto que se señala como causal reproductor de la exclusión es la falta de estudio en los jóvenes. Seguramente el muestreo no contempla la matricula de los programas de educación para adultos FinEs y FinEs 2, a través de los cuales miles de adultos pueden mostrarle orgullosos a sus hijos que ellos también están terminando sus estudios.

Hay estadísticas (no cifras ya que no es un censo) sobre la cantidad de jóvenes que no estudian, lo que no hay es una comparación con periodos anteriores. Lo cual genera imágenes distorcivas ya que está ha sido una década donde la inversión en educación estuvo a la orden del día. Si a ello le sumamos la cantidad de programas sociales que efectivamente funcionan exigiendo la escolaridad de infantes y adolescentes como una contra prestación, la afirmación de que el cuadro se haya agravado es absolutamente inconsistente.

Sin embargo cabe preguntarse, con sinceridad,  en que medida estas políticas de inclusión son realmente efectivas. Sabemos quienes trabajamos estas problemáticas, que una segunda generación de desocupados es algo arduo de remontar. Y no es una excusa, sino el deterioro objetivo sobre el tejido social que heredamos del neoliberalismo. Cabe aquí una interrogación honesta sobre el margen de maniobra de un Estado en recomposición, respecto de un sector social que ya había sido desprovisto de capacidades de inserción al mercado laboral formal en una sociedad cada vez mas excluyente. Hablo de hombres y mujeres desprovistos de oficios e instrucción básica, de la disciplina laboral mínima que otorgaba la era fordista como el riguroso cumplimiento de horarios, y portadoras de estigmas en el habla, en el trato… Cúmulo de “carencias” que inhabilitan un empleo a la vez que generan verdaderos deterioros en la autoestima de la persona al punto que la exclusión no se vive como una situación sino como una condición crónica. De esto no saben demasiado los buenos burgueses, campeones en eso del progreso individual, que con sucinta liviandad comentan el bochorno de que con sus impuestos “hay gente a la que le dan plata por no hacer nada”.

Este año tuve la posibilidad de dictar clases en la Diplomatura en Operador Socio Educativo en Economía Social y Solidaria. Mas allá de lo pomposo del titulo este es un programa impulsado por los ministerios de Educación, Desarrollo social y universidades varias, y lo que allí se intento hacer es una transferencia de formación para las cooperativas del programa Argentina Trabaja (o Argentina Descansa, como prefiere decirle Macri y los brutos de su laya). El objetivo de la diplomatura es dotar a esos colectivos de trabajo que hoy (casi todos) hacen tareas de saneamiento a cambio de un sueldo subsidiado, de las herramientas para la independizacion del subsidio estatal y la generación de autoempleo. ¿Cuantos cumpas estarán dispuestos a hacer ese salto? No lo se. La política publica genera los dispositivos, pero hay un aspecto que solo puede superarse con cuerpo y esfuerzo en los territorios. Programas sociales mas militancia REAL, para que en el mejor de los casos, parte de esa generación diezmada pueda intentar superar su condición. El neoliberalismo se tatuó en una buena parte de la población como una yaga viva, no como una categoría académica. Estas son las cosas de las que los observatorios de la academia chupacirios no habla.

Lo que sí es una asignatura pendiente del modelo es el trabajo informal. Y no hablo de la generación de autoempleo, cuestión que viene ligada a la descomposición de un mercado laboral que ya no acogerá al sector al que antes nos referíamos. Quien fue desempleado en los 90s lo seguirá siendo, sera un emprendedor cuentapropista o beneficiario de un programa social. Me refiero a la informalidad encubierta en contratos basura, monotributeo al mismo Estado y demás modos patológicos de encubrir la precarización. El “cuentapropismo” no tiene representación gremial y estuvo fuera de la agenda de la CGT hasta que Moyano comenzó a tematizarlo a partir de su alejamiento del gobierno.

Algo sobre este tema le escuche decir al Chino Navarro respecto de la necesidad de integrar a la economía popular (“La salada”) al sector productivo formal. Me parece que es un debate que desde la militancia debe comenzar a impulsarse con mas persistencia, ya que junto (o a causa de…) la concentración/extrangerización de la economía, representaran a la larga un techo al modelo distributivo que se sostiene en la creación de empleo a partir de la generación de un mercado interno.

De allí a decir tan alegremente que aquellos que hace diez años concurríamos a los clubes del trueque hoy estamos igual o peor… Yo tengo para comentarle al Sr Salvia y sus canallas de la oligarquía clerical de la UCA que la militancia que se organizaba en torno al triste recuerdo de los comedores que descomponían la mesa familiar como ámbito de encuentro (instancia superada a partir de la asignación universal que ademas garantiza escolarización y vacunción infantil), hoy se ejerce en torno a espacios como los Centros Culturales. Desplazamiento que habla a las claras de la transformación de las urgencias desde el plano mas inmediatamente material al simbólico. Que la cumbia villera que cantaba la afirmación desesperada del delito como identidad social en la mas sórdida exclusión hoy celebre en los wuachiturros la argentina del consumo de motos y Lacoste como posibilidad concreta de apropiación plebeya de esos bienes. Que hay 13 nuevas universidades bien alejadas de la ciudad puerto, garantizando una matricula en la que en promedio el 90% de su concurrencia son primera generación de universitarios transitando su experiencia en la educación superior. La lista de las mejoras objetivas en la calidad de vida es cuantiosa y si la inflación nos roba hoy la capacidad adquisitiva es justamente a causa de un modelo que funciona con una economía recalentada y del cual se vale miserablemente el empresariado. Me gustaría saber si ese dichoso observatorio agrega en su documento alguna recomendación respecto a las medidas para evitar las supuestas carencias que se señalan. Quisiera saber yo ¿cual es el carácter de la intervención que anhela la UCA para este modelo “neodesarrollista” (como lo caracteriza)? Así podríamos conocer también el signo ideológico de quien hace los señalamientos y la dirección que a los poderes tras la generación de estos discursos, le gustaría que la Argentina sea encaminada.

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Menem entre nosotros

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No sabes lo que me costo hacer la plata a mi!                                                                   Yo viajaba en colectivo cuando era chico!!                                                                                                                                              Ricárdo Fort

La muerte con su aura, suele teñir de mejores y mas virtuosas a las personas. Poco hace la muerte por Fort. Es que escribir sobre él en esta hora no tiene otra explicación que la excusa que su obituario habilita para hablar de la pervivencia del menemismo entre nosotros.

Fue durante los 90s que el asiduo lector de filosofía francesa Mauro Viale, demostró que cualquier cosa que haga subir el rating a bajo costo valía la pena que se televisase. No fue el único, claro, también estaba Sofovich haciendo de la TV Pública un salón de escolaso y Samuel Gelblung generando audiencia con insinuar el carácter cancerígeno del lápiz labial. Pero sí es merito de Viale el descubrimiento de “Los mediáticos”, seres tortuosos y extravagantes cuyo único merito radicaba en su capacidad de montar un conventillo que entroncaba subrepticiamente con la única posibilidad de participación en la vida publica que en los barrios del conurbano se podía aspirar a ejercer: Espectar la pantalla y abrir juicios sobre el vecino… Microfisica capacidad de injerencia del chisme como el mas certero ejercicio del poder hasta adonde alcanzan los brazos que lo demás… es cosa “de los políticos”…

Pasaron los noventas con su trágico corolario de muertes en la plaza. Llegó el kirchnerismo y cuando la política comenzaba a ocupar la escena, la impostación populista de la sociedad tinellizada insistía en retener la pantalla.

Ante la merma de los cada vez mas predecibles realities Fort fue el hallazgo de una Mariana Nanis en versión masculina, dejando en claro que todas las frivolidades payasescas atribuibles a una bataclana de alcurnia no pasan por una cuestión de género, sino que es dable encontrar en cualquier heredero tarambana de una empresa por la que no a sudado. Así, con Tinelli preguntándole al chocolatero por los modos de dilapidar su fortuna, cínicamente, por que la fortuna de Fort es insignificante en comparación de la amasada por Marcelo Hugo… Así, alardeando de sus derroches y frivolidades, el patovica no se privaba de desplegar con misoginia y verdadera mala leche un discurso que postulaba descaradamente que toda pelotuda que se acercara a el por su dinero, bien pagados tenía los maltratos públicos dispensados.

Cagándose en todo lo que pudiera ser virtuoso en un hombre, el chocolatero predicó el hedonismo individualista acérrimo de una sociedad en la que no sólo hay que tener para ser, sino que quien no tiene no merece mas que desear, babeante y alucinado, lo que en la pantalla pudiera llegar a espectarse: Los buenos autos, las buenas minas, los chisporroteos entre famosos, la mas genuina exaltación de la ignorancia y la mediocridad. Códigos comunes, celebrados en la desafiante mueca de la exclusión que se reproduce frente a cada monitor, acumulados por miles en los bolsones de pobreza del conurbano… La violencia – decía Carri – siempre viene de arriba.

Habrá que repensar – con Carri, para quien Isidro Velázquez era una figura delictiva que encarnaba la violencia pre-revolucionaria – que vamos a hacer para gestionar la violencia post-revolucionaria de un festival semiótico que celebra y exalta el hedonismo, el consumo y la canallada a cualquier precio. Mientras miles de miles espectan, deseosos y babeantes frente al monitor, hasta que alguno se decide a buscar el cielo en la tierra ahora, y por medios propios.

Una entrevista en el archivo

En marzo los amigos de Prensa3M nos entrevistaban en ocasión de la presentación de nuestro proyecto

Se viene TURBA

UN NUEVO MEDIO EMERGE

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Entrevista con Gabriel Medina, estudiante de ciencias de la comunicación en la Universidad de Buenos Aires e integrante del colectivo de TURBA: un nuevo espacio que surge ante el marco que permite la Ley de Medios.
Mañana, a las 19, en el Espacio Caloi (Alsina 1169 – CABA) se presenta en sociedad TURBA (Televisión Urbana de Buenos Aires), “una señal emergente para la Ciudad de la Furia”, como ellos mismo se definen. Guiados por el lema “Otra comunicación es posible”, Gabriel Medina, integrante de este nuevo colectivo, cuenta en diálogo con prensa3m.com la ilusión que los mueve a desear trascender en un esquema de medios tan desigual.

-¿Por qué nace turba?
-El colectivo que integra este proyecto se comenzó a conformar hace dos años, avizorando el triunfo cultural que la derecha ha establecido en la Ciudad de Buenos Aires desde hace algún tiempo. La nula repercusión de los deleznables hechos del martes en el Teatro San Martin, dejan entrever a las claras esto. Nos interesaba construir un medio que recuperase lo más interesante de las tradiciones del alternativismo y la contrainformación pero recolocándolo en un contexto regional de contraofensiva popular, no ya de mera “resistencia”. Nos parece que en este nuevo contexto, los discursos, los mensajes, los contenidos deben asumirse en su plena positividad. Deben ser portadores de cosmovisiones, “otras”, deben proponer, habilitar, imaginarios sobre el sentido de habitar una Ciudad. De convivir, de conformar una comunidad. Y allí, la gran vacancia en materia de periodismo u entretenimiento televisivo está en carne viva. Desde la mirada de género de los medios tradicionales hasta la impostura de la “antipolítica”, que bajo la presunción denuncista impugna, a fuerza de descrédito y sembrado escepticismo, cualquier iniciativa de organización popular. Nosotros queremos mostrar que se puede vivir mejor y ser protagonistas de nuestra ciudad, desde los movimientos sociales, artísticos y culturales que emergen en sus barrios. Desde las murgas que espantan los fantasmas de “la inseguridad” sin policializar el perímetro, sin estigmatizar a la juventud por su indumentaria, con la mera ocupación del espacio público para la celebración comunal. Con las ferias solidarias y autogestivas, con todos los que soñamos otra cosa y la hacemos realidad un cachito cada día, cada vez que rompemos nuestro aislamiento.

-¿Qué esperan de este nuevo canal?
-Esperamos ser precisamente eso, un “canal”, un medio que pueda mostrar lo que cotidianamente se invisibiliza de esta ciudad. Las historias y los personajes que quedan en un cono de sombras cuando los reflectores palermitanos apuntan a la ciudad turística, “moderna”, fashion y globalizada. Creemos que hay otra Buenos Aires, la de los laburantes, la de su efervescencia artística y bohemia, la de los migrantes, excluidos y estigmatizados en sus barrios periféricos por un discurso que los recorta como migración de “baja calidad”. No apostamos al realismo lacrimógeno de los Caetanos y Stagnaros para levantar “minitas BAFICI”. Ese recorte miserabilista y empobrecedor de “lo popular” es otro avatar de los sectores medios culposos con sensibilidades pseudoprogresistas. Sabemos que en esta Ciudad habita un pueblo vital, que lucha y celebra la vida cotidianamente. Desde él y con él queremos debatir el actual orden de cosas en nuestros barrios.

-¿Cuánto influyó la ley de medios en el animarse a ese desafío?

-Allá por el 2001, días antes de que cayera De La Rua, me levantaban mi programa de radio en una emisora zonal porque con la aparición del “Clarín Zonal” desde las empresas hasta los municipios ya no tenían pauta para los comunicadores locales. Todo era desolador y la Coalición por una Comunicación Democrática comenzaba a esgrimir sus 21 puntos, más como una actitud utopista, más como un ejercicio ético, testimonial, de afirmación de la dignidad, que como una acción política con visos de realidad. Como las reivindicaciones de los Derechos Humanos y tantas otras cosas que soñábamos y que a partir del 2003 comenzaron a hacerse realidad. Sin duda que la Ley de Medios es parte de lo que nos llevó a la elaboración de este proyecto. Después del congreso de periodismo autogestionado, “Comunicación y Libertad”, caímos en la cuenta de que teníamos una ley que nos desafiaba como sector, que desde lo audiovisual había todavía muy poca oferta, por sus costos históricos y por la accesibilidad tecnológica que se revirtió cualitativamente en los últimos años. Sin embargo, aún hay algunos elementos que rediscutir en su aplicación, creo que el campo popular pierde una oportunidad histórica sino debatimos esto en lugar de desgastarnos con Clarín, algo que debe hacer el gobierno para garantizar su aplicación y a lo que nosotros responderemos con nuestro posicionamiento público y movilización. Pero tenemos que discutir también seriamente, cómo, frente al cambio de norma, los medios populares accedemos al herramental técnico para subir a la TDA. Tenemos la semítica, estamos recuperando el espectro, no es poco, pero necesitamos los fierros. Lenin dijo alguna vez: “Lo que no es presupuesto, es ilusión”.

-¿Cómo se hace para instalarse en la comunidad sin ser de los medios hegemónicos o dominantes?

-Ay Barone, Barone, que me hiciste mal… Nosotros queremos ser “medios hegemónicos”, todo el campo popular debe guardar esa pretensión de contribuir a la construcción de la hegemonía popular. Lo que hay que discutir es qué tipo de hegemonía, que no es una mala palabra, sino la cristalización histórica (siempre frágil y provisoria) de un rumbo político, de una mirada de mundo. Nosotros todavía combatimos una hegemonía larvada, en buena parte, del imaginario social (y las opciones electorales de esta ciudad son una buena muestra de ello) que ponía en el centro al mercado y al individualismo consumista como horizonte de sentido. Esta década ganada logramos instalar la idea de la inclusión, de que el Estado, en tanto centralidad de lo público y no lo privado, debe garantizar la diversidad y la pluralidad para profundizar la democracia. Tenemos que ir hacia una hegemonía del “Buen vivir” como lo señalan Evo y Correa. De pensar que la igualdad no es sólo el acceso igualitario al consumo, sino también, qué tipo de consumo va a hacernos felices como Pueblo. Cuáles son los costos sociales, culturales, ecológicos de lo que elegimos producir y consumir. Y los medios jugamos un papel central allí. Pero volviendo a la pregunta, lo que define el éxito de un medio es su capacidad de instalar agenda. Y toda agenda, por más impuesta que sea, es también un dialogo y una negociación con su audiencia. Hay como una seducción que los medios ejercen con sus audiencias para que estas terminen aceptando que son “estos” y no “otros” los temas importantes. Nosotros apostamos a poder sintonizar con las problemáticas visibilizadas y también a nuestra capacidad para poder instalar temas que escapan a la cotidianeidad de muchos porteños. Y por último, los medios autogestivos entendieron, a partir de sus experiencias de persecución y decomiso de equipos como llegaba a suceder en otras épocas, que hay que hacerse parte de la comunidad. Solo así, cuando la comunidad los siente como propios y los defiende, es que estos proyectos prosperan. En este sentido un medio no puede ser sólo eso, una empresa, privada o atogestiva, sino un lugar, un centro cultural, una cueva, un mundo. Una arquitectura simbólica en la que su audiencia se sienta parte de una comunidad, de un universo de sentido. Que sienta que nos elige porque pensamos parecido y que aquí tiene una casa que habitar y en donde poder hacer oír también su voz.