Apuntes sobre La Hache

La Hache

Canal Encuentro a televisado estos días La Hache, la pelicula de Nicanor Loretti testimoniando el surgimiento, éxtasis y disolución de Hermética, la mítica banda heavy local. Ello me suscito cierta nostalgia, pero también sorpresa al ver los comentarios en las redes de quienes no fueron coetáneos de ese culto inacabado. Hay una suerte de mistificación purista que condena a la película por hacer lo único que puede: Intentar narrar el derrotero de una banda a pesar de la ausencia de su figura central. Hoy como ayer, Ricardo Iorio cual chico resentido que se lleva la pelota cuando no le gusta como le va saliendo el partido, nos priva de un registro que recupere nuestra propia experiencia generacional para con aquel fenómeno.

Y es que buena parte del enfoque del film se para precisamente sobre aspectos que trascienden la biografía y obra de un grupo de músicos. Loreti lo tiene muy claro y lo explica en el trailer “Trata de explicar por que hubo un fenomeno asi dentro del HM argentino. Por que no se volvió a repetir y por que paso en esa época y no podría haber pasado ahora ni en los 80s”

El Ruso Verea oficia como un vehemente relator del contexto de época (ascenso del menemismo) que habilito algo que se recupera en buena parte de la película. Ese espacio difuso pero cálido que en medio del sálvese quien pueda reinante significaban los recitales de Hermética. No eran la polisemia-pastiche de la misa ricotera, que seguramente también configuraba una instancia similar, sino que su diferencial estaba dado por constituirse en un ámbito al que todos concurríamos en la creencia de que existían ciertos presupuestos compartidos sobre la deriva social argentina. Con las letras de Hermética las cartas estaban puestas boca arriba sobre la mesa y los recitales significaban la esclarecedora afirmación de un punto de vista disidente, resistente… En la desazón generalizada, parecía tener mucho sentido la pertenencia a una comunidad que se hacia de una voz para ponerle nombre al absurdo cotidiano. Visctimas del vaciamiento o Sepulcro Civil eran los bastos universos de sentido que podían esgrimir algo de inteligibilidad al caos reinante.

Las entrevistas a “los fans” parecen estar lejos de reflejar el sustrato social de los seguidores de la banda. En este aspecto la realización no escapa al corte de clase de sus realizadores. El gran publico de Hermética era, mayoritariamente, extensión de los sectores populares que La Banda y su entorno inmediato encarnan en los testimonios que desfilan en la cinta.

Alguna vez me contó el Ruso Verea que la Heavy Rock&Pop nació con él y el gordo Nagui mas una pasante que atendía el teléfono. Pero el grado de conmoción/adhesión que esas madrugadas radiales de rock y resistencia ejercieron sobre mi generación hizo que el programa terminara con dos psicólogas al teléfono del programa. A no confundirse, no era el metal, era el infierno y la orfandad absoluta de ser adolescente en los 90s.

Por eso me parecen patéticas las apreciaciones de Gustavo Olmedo, que no solo no tiene talla para estar allí ya que su labor como periodista (esa en donde inflaba discos de Babasonicos y Juana la loca burlandose del rock pesado en general) era apenas marginal por aquellos dias; sino que sus disquisiciones sobre el inminente éxito de Hermética solo podían desvelarlo a el como pichoncito de la prensa mainstream donde termino ganándose la vida. Sí hubo una “gran banda” y fue Rata Blanca y nadie (me incluyo) estuvo dispuesto a perdonarle su éxito, sencillamente por que no nos importaba la música, sino lo que a través de ella podía decirse sobre nosotros. Y era solo esto ultimo lo que en definitiva nos unía a Hermética y a todo lo que muy difusamente entendíamos como metal. Nos hubiera gustado que a Hermética le fuera bien, claro, pero pensar en “el exito” (¿?) en el país de la mera subsistencia era lo de menos… Nadie entendía lo que significaba llegar sencillamente por que nadie (de nuestro universo) nunca había llegado. ¿En que piensa Olmedo? ¿En los maratones de estadios River de Soda Stereo?

Quienes en los tempranos años de nuestra pubertad seguimos a Hermética, nos acercamos al metal a partir de sentirnos interpelados por la tematizacion sobre lo social (y cotidiano) y no al revés. Descubrir y educar el disfrute de las sonoridades estruendosas era un ejercicio posterior, ya que con Hermética ni siquiera los aspectos sonoros eran una virtud, sino que como bien se señala en el film, el “fenomeno” del culto a la banda era para nosotros tan basto e intenso como el dramatismo de la desintegración social nacional de aquellos años.

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La ultima de Álex de la Iglesia

Las Brujas de Zagarramurdi - Alex de la Iglesia

Las Brujas de Zagarramurdi, la nueva película de Álex de la Iglesia es un retorno a la juventud salvaje de El Día de la Bestia, con el aplomo artesanal y profesionalizado de un viejo lobo de mar. Seduce por su despliegue, por el esfuerzo en seguir poniendo al limite personajes entrañables, con carnadura, que son mucho antes que las funciones del relato, sus propios conflictos interiores impulsándolos a actuar.

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Los otros días discutíamos en La Tribu con los amigos de La Otra, sobre las posibilidades (o limitaciones) que el apego a los géneros produce en la estética y su tensión con el mercado o la vocación a las grandes audiencias. Pues bien, uno llega a esta película con la esperanza de encontrarse con los delirios que de la Iglesia siempre propone, pero no puede dejar de sentirse seducido por cierta familiaridad holliwoodense, violada, torturada y masacrada al siguiente instante. Así, desde la introducción con aires a películas “de robo al banco”, de persecuciones policiales y acción trepidante hasta los momentos de horror demencial, hay una familiaridad estética que se imposta y se repliega para inmediatamente ser irreverentemente desacralizada a fuerza de “color local” y grotesco costumbrista. También es cierto que en algún punto, conociendo sus antecedentes, en esta peli de la Iglesia hace algunas concesiones al mainstream introduciendo tropos políticamente correctos en las menciones a la homosexualidad o los temas de genero que la película aborda con aciertos pirricos. Tal vez los comentarios incorrectos sobre lo femenino, sean los aciertos mas hilarantes por los que el discurso de la historia pareciera querer excusarse en mas de una oportunidad. Justamente las brujas son la gran metáfora de la cuestión de genero y los desencuentros en las relaciones, por ello coquetea con ciertas miradas caras al neopaganismo que en sus citas e implícitos permiten entrever cierto conocimiento del tema por parte del autor, pero entremezcladas con los lugares mas comunes, chatos y estereotipados de las representaciones que el cine comercial nos viene traficando desde hace 70 años, con lo cual nos queda un sabor agridulce.

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Toda la película es redimida por lo entrañable de sus personajes: Jose, el padre que hace todo por el hijo, hasta llevarlo al asalto de una joyería; Tony, el winner de boliche que no le puede decir a su novia abogada que esta desempleado y por eso deviene en asalta joyerías; Manuel, el taxista que ama a sus hijos pero esta harto de su matrimonio y decide fugarse con sus captores; y Eva, la recia, obstinada y caprichosa bruja que se enamora de José… Tampoco hay personajes chatos y eso es una virtud, todos los bolos tienen voz propia. Por ellos se pasea toda la galería de actores fetiche con los que el director español nos ha deleitado desde hace mas de dos décadas. Como siempre, una historia que se cuenta toda vez que los personajes hacen en lugar de reflexionar, ese es el De la Iglesia que nos gusta y si bien la película, a diferencia de sus predecesoras, no transita caminos inexplorados por el director, esta es otra cinta en la que encontrar el despliegue magistral de su estilo.