Habemus Plan de Estudios en CCOM

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Ayer, después de un par de años, volví al ruedo como consejero de Junta en la Carrera de Comunicación de FSOC. Una experiencia extraña, nostálgica y excitante, que podríamos ilustrar como volver al vértigo de zapar punk de garaje cuando ya se a adquirido formación jazzistica… Si bien no he abandonado aun la etapa de estudiante en ese interminable letargo que implica el actual programa de la Carrera, ya mi tiempo biológico y biográfico me a puesto en otro lugar, bastante distante del principismo maximalista con el que un veitiañero suele iniciarse en la política universitaria.

Sin embargo el publico se renueva y siempre hay una nueva camada de pequeñoburguesia palermitana dispuesta a pretender derribar las instituciones burguesas como las que gobiernan un organismo autónomo del Estado como la universidad publica. Que como se sabe, funciona con los dineros de todos, pero se autodetermina en función de los intereses de las fuerzas que se la disputan. Así, partidos absolutamente marginales (tanto esos que con suerte sacan un diputado en las elecciones nacionales, como los que huyen en helicoptero de los incendios que dejan a sus espaldas) saben construir conglomerados profesorales de los que se sirven como punta de lanza para acceder a los recursos que la educación superior les habilita: Desde el monopolio de la venta de bibliografía, via sistema de apuntes y fotocopias gestionados por el centro de estudiantes, hasta cargos y proyectos de investigación que financian las estructuras de las formaciones político-académicas que disputan la dirección política de una institución tan premoderna, antidemocrática y mafiosa como el Estado Vaticano.

Pero claro que uno juega no para reproducir el lamentable estado de situación antes descripto, sino que pone sus empeños en lo que juzga un proyecto transformador de estas estructuras. Y allí es curioso notar la metamorfosis que la dinámica universitaria genera en sus cuadros. Puede ser el semillero que haga de disparador de carreras políticas brillantes como freerider, que es la parcialidad descripta por la película El Estudiante. Puede transformarse en un traficante de citas y prestigios que le permita una situación mas o menos interesante como opinologo mediático, en esta maravillosa era inaugurada por la crisis del 2001 y profundizada por el kirchnerismo en la que a diferencia de los 90s la voz de los intelectuales es escuchada con cierta atención. Y digo esto, por que eso de ser un académico en serio no solo requiere getonear cosas mas o menos interesantes enunciadas de un modo mas o menos complejo, sino de una producción solida y constante de la que el tiempo para la rosca te inhabilita. Por ultimo y mas vinculado a las formaciones radicalizadas en su discurso, puede también con el desgaste del tiempo, que el grueso de su militancia se repliegue sobre su garantizado bienestar material como hijos de comerciantes y pequeños empresarios, avocandose finalmente con exclusividad a las disciplinas del arte y el pensamiento, o bien emprendiendo un peregrinaje nacional con preferencia por el noroeste argentino en el cual se redescubran a si mismos (mi amigo Jorge me advirtió que la clase media siempre se esta “redescubriendo”) como artesanos de biyutery, lectores de runas o integrantes de alguna asociación multinacional de salvatege de especies en extinción.

Como fuere, de vez en cuando, después de mucha y dilatada espera, en este caso mas de una década, los procesos institucionales deben finalmente tener algún tipo de cristalización histórica. Gambetenado chantajes, cálculos de costos y beneficios en función del ascenso o retracción de espacios y trayectorias políticas que fluctúan y cambian de protagonistas ciclicamente sin que nadie se haga ni del control absoluto ni de su propia y definitiva extinción, finalmente llego el día de aprobar un proyecto de reforma del plan de estudios de la Carrera de Cs de la Comunicación. Podran imaginarse ustedes lectores, en estas dos décadas transcurridas desde la ultima reforma, todos los talibanes surgidos en nombre de la indispensabilidad de que “tal o cual materia debiera ser obligatoria” pueden haberse inmolado por la causa de su cátedra. Lo cierto es que una carrera injustificablemente extensisima, con uno de los menores indices de graduados de la UBA y uno de los mayores indices de deserción, casi absolutamente pensada para la “reflexión critica” de la etapa analógica de las comunicaciones, ya andaba necesitando una tuneada. Y esta reforma a la que la actual Dirección de la Carrera arriba, no sin ningunear (timoratamente) propuestas de los propios y hacer otras tantas concesiones al chantaje de la “izquierda” del academicismo elitista, no deja de representar el mayor grado de avance posible respecto a los requerimientos de la formación profesional en tiempos de aplicación de la Ley SCA…

Pues bien, en estos curiosos rituales institucionales que deben oficiarse en esta institución medieval, los consejeros de la Junta nos reunimos y a pesar de algunos extraviados intentos de componendas de pasillo de ultimo minuto a cargo de los espacios opositores encarnados por el trotskysmo y la impostura pseudoprogre de los gorilas de Marea Popular, en un acto de plena soberanía votamos la aprobación en junta del flamante plan de estudios.

Parece algo pequeño, en el contexto de una extensísima trayectoria de debates y otro no menor circuito burocrático pendiente hasta su aprobación y plena puesta en vigencia. Pero puedo decir con cierto orgullo que ayer hicimos otra contribución militante a avanzar en una universidad mas inclusiva y a ponerla de cara a las necesidades de nuestro Pueblo.

De entrevistadores entrevistados

A continuación pego la entrevista que me realizaran ayer los cumpas de  http://www.prensa3m.com

“Tenemos el gran desafió de construir una comunicación popular masiva”

Gabriel Medina es estudiante en la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y director general de TURBA (Televisión Urbana de Buenos Aires), un proyecto de comunicación audiovisual autogestivo. En diálogo con Prensa del Tercer Milenio, Medina celebra el fallo de la Corte Suprema que declaró la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, analiza el posicionamiento de los medios emergentes en el esquema de medios que establece la ley y da una mirada crítica al rol de la universidad pública como formadora de comunicadores.
Por Esteban Schoj
 -¿Cómo recibiste el fallo de la Corte?
-Con mucha felicidad. Este fallo es el corolario de un proceso de luchas que lleva por lo menos más de dos décadas. Todos los que integraron o apoyaron la Coalición por una Comunicación Democrática no pueden menos que sentirse realizados porque aquel reclamo solitario sea hoy una victoria política. Ahora que logramos que la política derrote a los intereses económicos con una legislación que nos garantiza derechos, tenemos una batalla en dos frentes: uno político y otro cultural.

-¿Cuál es el político?

-El frente político se vincula a la operativización de la ley y la batalla pasa porque esta se condiga con el espíritu que le dio origen. En la práctica, esto significa que su reglamentación debe ser puesta en revista. El criterio para acceder a licencias no puede ser fundamentalmente económico. Debe atender aspectos ligados a la sustentabilidad, sin dudas. Debe también observarse el proyecto político-cultural detrás de cada aspirante a licencia, también. Incluso, el grado de institucionalidad puede ser un argumento que despeje trasnochados de actores constituidos con trayectoria y proyecto, aunque tampoco debiera ser motivo de exclusión, sino de inclusión por la vía de la promoción, acompañamiento y accesoria por parte del Estado. Pero el acceso a pliegos, por lo menos en proyectos de mediana escala, no puede ser regido exclusivamente por la capacidad pecuniaria. El otro aspecto político es la vigilancia permanente respecto a la interpretación de los intersticios legales que habilitan una nueva concentración empresarial en el sector. Los acuerdos tácticos que el Gobierno estableció con otros empresarios de medios lesionan el espíritu de la ley. Todo esto debe ser cuidadosamente revisto y vigilado de cara a futuras gestiones. No menor es la parte que le toca gestionar al Estado. Aquí hay que ser muy cuidadosos y estar a la altura de un sistema público de medios al que ya ni requiere, ni le suma, el paradigma Szpolski. Necesitamos allí más propuestas como Encuentro. Mas direccionadas al desafió de contenidos culturales y educativos de calidad, que a las urgencias coyunturales políticas. Creo que de eso debemos ocuparnos el archipiélago de medios autogestivos. Y seguramente lo aremos más provocativo, interesante y efectivo que el agotado esquema de Wirtz, que sólo predica entre los conversos.


-¿Y el cultural?

-En el frente cultural, la pelota está en nuestra cancha. Lo primero es superar nuestra propia cultura política, es decir, la insistencia en que cada grupo, organización, colectivo, deba necesariamente gestionar un medio. Esta concepción, que nace con la idea de Lenin de que “a cada fracción, una prensa”, no puede garantizar que cada actor pueda producir las diez horas diarias de programación requeridas. Hay que ir hacia una cultura de la articulación y cooperación que pueda garantizar grillas de contenidos para todos los medios emergentes. Vale decir, quizá no todos podremos tener un medio, pero podemos ser valiosas productoras de contenidos. Esto es un poco lo que el AFSCA viene impulsando a partir de los encuentros regionales y nacionales de PACs (Productoras Audiovisuales Comunitarias). El problema es que lo haga más por gambetear el ríspido tema de la confección del plan técnico para la asignación de licencias, que como una promoción efectiva para el sector. Habrá que ver, a veces los tiempos políticos no son los de nuestras ansias, pero la cosa aún esta más verde de lo esperado para la política insignia del kirchnerismo. Otro tema cultural que aqueja al sector es una cierta mirada filantrópica, voluntarista e ingenua a cargo de las ONGs y fundaciones. Se trata de que el mote de “sin fines de lucro” es leído como la nula posibilidad de garantizar producción y trabajo para el sector. Esta discusión, que en el caso del sector cooperativo esta recontra saldada, representa hoy un verdadero escollo para que podamos organizarnos en igualdad de condiciones frente a los pulpos derrotados, pero no aun desplazados. En cada encuentro, foro, ámbito de debate, hay que salir a aclarar que el lucro es otra cosa. Que no nos rige el cruel criterio de maximización de ganancia capitalista que prioriza esto por sobre el empleo y la ética en la producción de contenidos; sino la mejora de la calidad de vida en nuestra comunidad. Y esto último sólo se logra con sustentabilidad y generación de empleo, y sólo así se garantiza la producción de trabajo simbólico puesto al servicio de la transformación social. Que el sector sin fines de lucro no pueda pensarse como trabajadores de la comunicación es una de los mayores peligros para constituirnos como un actor capas de disputarle a las corporaciones.

-La universidad pública, ¿forma comunicadores que puedan aprovechar los avances que otorga esta Ley de Medios?

-En algún sentido hay algo de la impronta universitaria flotando en estas concepciones. Las experiencias de comunicación “alternativa”, “autogestiva”, “contrainformativa” o comunitaria en un sentido sesgado, generaron durante mucho tiempo esta idea culposa de la comunicación popular. Es que la academia es bipolar en el peor sentido. Se dice progresista pero forma “intelectuales críticos” que terminan oficiando de técnicos-generadores de contenidos sin la menor capacidad de gestión de proyectos. Temen que una aproximación al sector productivo los transforme súbitamente en “microcapitalistas”. Como generalmente el corte de clase profesoral les garantiza un buen pasar, condenan a cohortes enteras de estudiantes y graduados a ser aspirantes a empleados de multinacionales de medios o reproducir la lógica de la “intelectualidad critica” intra-academia, donde una cátedra amiga los acogerá y les permitirá una carrera de prestigios intra-muro agiornándose a la discursividad dominante de luchas obreras en abstracto. No hay formación emprendedora en la academia. En el campo de la comunicación muchos saben cómo armar una pirámide invertida, pero pocos como poner un periódico en un circuito de distribución. Hacemos pan, pero no sabemos hacerlo llegar a la mesa de nadie. Por eso es interesantísimo que la ley de AReCIA (Asociación de Revistas Culturales e Independientes de la Argentina) introduzca este ítem entre su proyecto de ley para el fomento de las revistas culturales independientes. El último aspecto cultural que creo que debemos vencer, se vincula de alguna manera con el anterior. La gran mayoría de iniciativas comunicacionales que se pretenden alternativas, no pueden superar el microclima de “universitarios progres” que les dio origen. Tenemos el gran desafió de construir una comunicación popular masiva. “Nuevas voces” es un slogan vació si no podemos interpelar a nuevas audiencias. Y nuevas audiencias no sólo implica nuevos temas, nuevas inquietudes, sino un desplazamiento de la actual TV chatarra a una TV más humana, pero no por ello, menos entretenida, menos movilizadora. Y esto está muchas veces más vinculado con la forma que con los temas. Tenemos que ser más arriesgados, abandonar la pretensión del lenguaje rupturista. Tenemos que establecer un código común con las actuales audiencias de los medios masivos. Esto implica negociaciones en el contrato de lecturas. Concesiones mutuas. Operaciones de apropiación, pillaje y contrabando de y en los géneros y formatos que hoy mismo utiliza el status quo mediático. – See more at: http://www.prensa3m.com/noticia.php?id=2013-10-31-qtenemos-el-gran-desafio-de-construir-una-comunicacion-popular-masiva%94#sthash.w7AN0JeY.B81gkxDQ.dpuf