Una entrevista en el archivo

En marzo los amigos de Prensa3M nos entrevistaban en ocasión de la presentación de nuestro proyecto

Se viene TURBA

UN NUEVO MEDIO EMERGE

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Entrevista con Gabriel Medina, estudiante de ciencias de la comunicación en la Universidad de Buenos Aires e integrante del colectivo de TURBA: un nuevo espacio que surge ante el marco que permite la Ley de Medios.
Mañana, a las 19, en el Espacio Caloi (Alsina 1169 – CABA) se presenta en sociedad TURBA (Televisión Urbana de Buenos Aires), “una señal emergente para la Ciudad de la Furia”, como ellos mismo se definen. Guiados por el lema “Otra comunicación es posible”, Gabriel Medina, integrante de este nuevo colectivo, cuenta en diálogo con prensa3m.com la ilusión que los mueve a desear trascender en un esquema de medios tan desigual.

-¿Por qué nace turba?
-El colectivo que integra este proyecto se comenzó a conformar hace dos años, avizorando el triunfo cultural que la derecha ha establecido en la Ciudad de Buenos Aires desde hace algún tiempo. La nula repercusión de los deleznables hechos del martes en el Teatro San Martin, dejan entrever a las claras esto. Nos interesaba construir un medio que recuperase lo más interesante de las tradiciones del alternativismo y la contrainformación pero recolocándolo en un contexto regional de contraofensiva popular, no ya de mera “resistencia”. Nos parece que en este nuevo contexto, los discursos, los mensajes, los contenidos deben asumirse en su plena positividad. Deben ser portadores de cosmovisiones, “otras”, deben proponer, habilitar, imaginarios sobre el sentido de habitar una Ciudad. De convivir, de conformar una comunidad. Y allí, la gran vacancia en materia de periodismo u entretenimiento televisivo está en carne viva. Desde la mirada de género de los medios tradicionales hasta la impostura de la “antipolítica”, que bajo la presunción denuncista impugna, a fuerza de descrédito y sembrado escepticismo, cualquier iniciativa de organización popular. Nosotros queremos mostrar que se puede vivir mejor y ser protagonistas de nuestra ciudad, desde los movimientos sociales, artísticos y culturales que emergen en sus barrios. Desde las murgas que espantan los fantasmas de “la inseguridad” sin policializar el perímetro, sin estigmatizar a la juventud por su indumentaria, con la mera ocupación del espacio público para la celebración comunal. Con las ferias solidarias y autogestivas, con todos los que soñamos otra cosa y la hacemos realidad un cachito cada día, cada vez que rompemos nuestro aislamiento.

-¿Qué esperan de este nuevo canal?
-Esperamos ser precisamente eso, un “canal”, un medio que pueda mostrar lo que cotidianamente se invisibiliza de esta ciudad. Las historias y los personajes que quedan en un cono de sombras cuando los reflectores palermitanos apuntan a la ciudad turística, “moderna”, fashion y globalizada. Creemos que hay otra Buenos Aires, la de los laburantes, la de su efervescencia artística y bohemia, la de los migrantes, excluidos y estigmatizados en sus barrios periféricos por un discurso que los recorta como migración de “baja calidad”. No apostamos al realismo lacrimógeno de los Caetanos y Stagnaros para levantar “minitas BAFICI”. Ese recorte miserabilista y empobrecedor de “lo popular” es otro avatar de los sectores medios culposos con sensibilidades pseudoprogresistas. Sabemos que en esta Ciudad habita un pueblo vital, que lucha y celebra la vida cotidianamente. Desde él y con él queremos debatir el actual orden de cosas en nuestros barrios.

-¿Cuánto influyó la ley de medios en el animarse a ese desafío?

-Allá por el 2001, días antes de que cayera De La Rua, me levantaban mi programa de radio en una emisora zonal porque con la aparición del “Clarín Zonal” desde las empresas hasta los municipios ya no tenían pauta para los comunicadores locales. Todo era desolador y la Coalición por una Comunicación Democrática comenzaba a esgrimir sus 21 puntos, más como una actitud utopista, más como un ejercicio ético, testimonial, de afirmación de la dignidad, que como una acción política con visos de realidad. Como las reivindicaciones de los Derechos Humanos y tantas otras cosas que soñábamos y que a partir del 2003 comenzaron a hacerse realidad. Sin duda que la Ley de Medios es parte de lo que nos llevó a la elaboración de este proyecto. Después del congreso de periodismo autogestionado, “Comunicación y Libertad”, caímos en la cuenta de que teníamos una ley que nos desafiaba como sector, que desde lo audiovisual había todavía muy poca oferta, por sus costos históricos y por la accesibilidad tecnológica que se revirtió cualitativamente en los últimos años. Sin embargo, aún hay algunos elementos que rediscutir en su aplicación, creo que el campo popular pierde una oportunidad histórica sino debatimos esto en lugar de desgastarnos con Clarín, algo que debe hacer el gobierno para garantizar su aplicación y a lo que nosotros responderemos con nuestro posicionamiento público y movilización. Pero tenemos que discutir también seriamente, cómo, frente al cambio de norma, los medios populares accedemos al herramental técnico para subir a la TDA. Tenemos la semítica, estamos recuperando el espectro, no es poco, pero necesitamos los fierros. Lenin dijo alguna vez: “Lo que no es presupuesto, es ilusión”.

-¿Cómo se hace para instalarse en la comunidad sin ser de los medios hegemónicos o dominantes?

-Ay Barone, Barone, que me hiciste mal… Nosotros queremos ser “medios hegemónicos”, todo el campo popular debe guardar esa pretensión de contribuir a la construcción de la hegemonía popular. Lo que hay que discutir es qué tipo de hegemonía, que no es una mala palabra, sino la cristalización histórica (siempre frágil y provisoria) de un rumbo político, de una mirada de mundo. Nosotros todavía combatimos una hegemonía larvada, en buena parte, del imaginario social (y las opciones electorales de esta ciudad son una buena muestra de ello) que ponía en el centro al mercado y al individualismo consumista como horizonte de sentido. Esta década ganada logramos instalar la idea de la inclusión, de que el Estado, en tanto centralidad de lo público y no lo privado, debe garantizar la diversidad y la pluralidad para profundizar la democracia. Tenemos que ir hacia una hegemonía del “Buen vivir” como lo señalan Evo y Correa. De pensar que la igualdad no es sólo el acceso igualitario al consumo, sino también, qué tipo de consumo va a hacernos felices como Pueblo. Cuáles son los costos sociales, culturales, ecológicos de lo que elegimos producir y consumir. Y los medios jugamos un papel central allí. Pero volviendo a la pregunta, lo que define el éxito de un medio es su capacidad de instalar agenda. Y toda agenda, por más impuesta que sea, es también un dialogo y una negociación con su audiencia. Hay como una seducción que los medios ejercen con sus audiencias para que estas terminen aceptando que son “estos” y no “otros” los temas importantes. Nosotros apostamos a poder sintonizar con las problemáticas visibilizadas y también a nuestra capacidad para poder instalar temas que escapan a la cotidianeidad de muchos porteños. Y por último, los medios autogestivos entendieron, a partir de sus experiencias de persecución y decomiso de equipos como llegaba a suceder en otras épocas, que hay que hacerse parte de la comunidad. Solo así, cuando la comunidad los siente como propios y los defiende, es que estos proyectos prosperan. En este sentido un medio no puede ser sólo eso, una empresa, privada o atogestiva, sino un lugar, un centro cultural, una cueva, un mundo. Una arquitectura simbólica en la que su audiencia se sienta parte de una comunidad, de un universo de sentido. Que sienta que nos elige porque pensamos parecido y que aquí tiene una casa que habitar y en donde poder hacer oír también su voz.

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