Cambios

DPUna nueva formación en la banda plantea interrogantes sobre los alcances del  carácter colectivo de un proyecto. Sobre sí el planteo de un “cuidarnos” compañero no es finalmente una ilusión bienintencionada que cae tan rápido como los vicios individualistas se dejan notar.

La siempre presente tensión entre priorizar los procesos sin descuidar los resultados colisiona con la viabilidad de cierto modo del hacer, y nos obliga a replantearnos todo.

Alguna vez entendí que una banda con amigos es un proyecto insostenible, puesto que al amigo se le perdona todo. Hasta su desgano, hasta su descuido hacia nuestro esfuerzo. Alguna vez, también, asumí que un proyecto es ante todo su gente. Que si había algo que me había hecho tope, era la instrumentalización de las relaciones interpersonales en pos de un objetivo, por utópico o grandilocuente que fuere. Toda utopía se augura vivenciando su coherencia en el presente y junto a otros. ¿Pero qué pasa cuando la madures no está en sintonía para apreciar el esfuerzo en esa construcción, o la honestidad del planteo?

Hoy es momento de incorporar que, como en el amor, hay un límite para el deseo propio y para la voluntad de encuentro del otro. Que si bien, como dice el negro Dolina, siempre es mejor perder junto a los propios que ganar con extraños, tal vez los que se empecinan en descuidar los triunfos del colectivo o en no jugar en equipo, nunca fueron propios.

Un puñado de nuevas preguntas acompaña esta nueva etapa, que no sin algún dolor, vuelve a parir algunas certezas.

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Una entrevista en el archivo

En marzo los amigos de Prensa3M nos entrevistaban en ocasión de la presentación de nuestro proyecto

Se viene TURBA

UN NUEVO MEDIO EMERGE

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Entrevista con Gabriel Medina, estudiante de ciencias de la comunicación en la Universidad de Buenos Aires e integrante del colectivo de TURBA: un nuevo espacio que surge ante el marco que permite la Ley de Medios.
Mañana, a las 19, en el Espacio Caloi (Alsina 1169 – CABA) se presenta en sociedad TURBA (Televisión Urbana de Buenos Aires), “una señal emergente para la Ciudad de la Furia”, como ellos mismo se definen. Guiados por el lema “Otra comunicación es posible”, Gabriel Medina, integrante de este nuevo colectivo, cuenta en diálogo con prensa3m.com la ilusión que los mueve a desear trascender en un esquema de medios tan desigual.

-¿Por qué nace turba?
-El colectivo que integra este proyecto se comenzó a conformar hace dos años, avizorando el triunfo cultural que la derecha ha establecido en la Ciudad de Buenos Aires desde hace algún tiempo. La nula repercusión de los deleznables hechos del martes en el Teatro San Martin, dejan entrever a las claras esto. Nos interesaba construir un medio que recuperase lo más interesante de las tradiciones del alternativismo y la contrainformación pero recolocándolo en un contexto regional de contraofensiva popular, no ya de mera “resistencia”. Nos parece que en este nuevo contexto, los discursos, los mensajes, los contenidos deben asumirse en su plena positividad. Deben ser portadores de cosmovisiones, “otras”, deben proponer, habilitar, imaginarios sobre el sentido de habitar una Ciudad. De convivir, de conformar una comunidad. Y allí, la gran vacancia en materia de periodismo u entretenimiento televisivo está en carne viva. Desde la mirada de género de los medios tradicionales hasta la impostura de la “antipolítica”, que bajo la presunción denuncista impugna, a fuerza de descrédito y sembrado escepticismo, cualquier iniciativa de organización popular. Nosotros queremos mostrar que se puede vivir mejor y ser protagonistas de nuestra ciudad, desde los movimientos sociales, artísticos y culturales que emergen en sus barrios. Desde las murgas que espantan los fantasmas de “la inseguridad” sin policializar el perímetro, sin estigmatizar a la juventud por su indumentaria, con la mera ocupación del espacio público para la celebración comunal. Con las ferias solidarias y autogestivas, con todos los que soñamos otra cosa y la hacemos realidad un cachito cada día, cada vez que rompemos nuestro aislamiento.

-¿Qué esperan de este nuevo canal?
-Esperamos ser precisamente eso, un “canal”, un medio que pueda mostrar lo que cotidianamente se invisibiliza de esta ciudad. Las historias y los personajes que quedan en un cono de sombras cuando los reflectores palermitanos apuntan a la ciudad turística, “moderna”, fashion y globalizada. Creemos que hay otra Buenos Aires, la de los laburantes, la de su efervescencia artística y bohemia, la de los migrantes, excluidos y estigmatizados en sus barrios periféricos por un discurso que los recorta como migración de “baja calidad”. No apostamos al realismo lacrimógeno de los Caetanos y Stagnaros para levantar “minitas BAFICI”. Ese recorte miserabilista y empobrecedor de “lo popular” es otro avatar de los sectores medios culposos con sensibilidades pseudoprogresistas. Sabemos que en esta Ciudad habita un pueblo vital, que lucha y celebra la vida cotidianamente. Desde él y con él queremos debatir el actual orden de cosas en nuestros barrios.

-¿Cuánto influyó la ley de medios en el animarse a ese desafío?

-Allá por el 2001, días antes de que cayera De La Rua, me levantaban mi programa de radio en una emisora zonal porque con la aparición del “Clarín Zonal” desde las empresas hasta los municipios ya no tenían pauta para los comunicadores locales. Todo era desolador y la Coalición por una Comunicación Democrática comenzaba a esgrimir sus 21 puntos, más como una actitud utopista, más como un ejercicio ético, testimonial, de afirmación de la dignidad, que como una acción política con visos de realidad. Como las reivindicaciones de los Derechos Humanos y tantas otras cosas que soñábamos y que a partir del 2003 comenzaron a hacerse realidad. Sin duda que la Ley de Medios es parte de lo que nos llevó a la elaboración de este proyecto. Después del congreso de periodismo autogestionado, “Comunicación y Libertad”, caímos en la cuenta de que teníamos una ley que nos desafiaba como sector, que desde lo audiovisual había todavía muy poca oferta, por sus costos históricos y por la accesibilidad tecnológica que se revirtió cualitativamente en los últimos años. Sin embargo, aún hay algunos elementos que rediscutir en su aplicación, creo que el campo popular pierde una oportunidad histórica sino debatimos esto en lugar de desgastarnos con Clarín, algo que debe hacer el gobierno para garantizar su aplicación y a lo que nosotros responderemos con nuestro posicionamiento público y movilización. Pero tenemos que discutir también seriamente, cómo, frente al cambio de norma, los medios populares accedemos al herramental técnico para subir a la TDA. Tenemos la semítica, estamos recuperando el espectro, no es poco, pero necesitamos los fierros. Lenin dijo alguna vez: “Lo que no es presupuesto, es ilusión”.

-¿Cómo se hace para instalarse en la comunidad sin ser de los medios hegemónicos o dominantes?

-Ay Barone, Barone, que me hiciste mal… Nosotros queremos ser “medios hegemónicos”, todo el campo popular debe guardar esa pretensión de contribuir a la construcción de la hegemonía popular. Lo que hay que discutir es qué tipo de hegemonía, que no es una mala palabra, sino la cristalización histórica (siempre frágil y provisoria) de un rumbo político, de una mirada de mundo. Nosotros todavía combatimos una hegemonía larvada, en buena parte, del imaginario social (y las opciones electorales de esta ciudad son una buena muestra de ello) que ponía en el centro al mercado y al individualismo consumista como horizonte de sentido. Esta década ganada logramos instalar la idea de la inclusión, de que el Estado, en tanto centralidad de lo público y no lo privado, debe garantizar la diversidad y la pluralidad para profundizar la democracia. Tenemos que ir hacia una hegemonía del “Buen vivir” como lo señalan Evo y Correa. De pensar que la igualdad no es sólo el acceso igualitario al consumo, sino también, qué tipo de consumo va a hacernos felices como Pueblo. Cuáles son los costos sociales, culturales, ecológicos de lo que elegimos producir y consumir. Y los medios jugamos un papel central allí. Pero volviendo a la pregunta, lo que define el éxito de un medio es su capacidad de instalar agenda. Y toda agenda, por más impuesta que sea, es también un dialogo y una negociación con su audiencia. Hay como una seducción que los medios ejercen con sus audiencias para que estas terminen aceptando que son “estos” y no “otros” los temas importantes. Nosotros apostamos a poder sintonizar con las problemáticas visibilizadas y también a nuestra capacidad para poder instalar temas que escapan a la cotidianeidad de muchos porteños. Y por último, los medios autogestivos entendieron, a partir de sus experiencias de persecución y decomiso de equipos como llegaba a suceder en otras épocas, que hay que hacerse parte de la comunidad. Solo así, cuando la comunidad los siente como propios y los defiende, es que estos proyectos prosperan. En este sentido un medio no puede ser sólo eso, una empresa, privada o atogestiva, sino un lugar, un centro cultural, una cueva, un mundo. Una arquitectura simbólica en la que su audiencia se sienta parte de una comunidad, de un universo de sentido. Que sienta que nos elige porque pensamos parecido y que aquí tiene una casa que habitar y en donde poder hacer oír también su voz.

De entrevistadores entrevistados

A continuación pego la entrevista que me realizaran ayer los cumpas de  http://www.prensa3m.com

“Tenemos el gran desafió de construir una comunicación popular masiva”

Gabriel Medina es estudiante en la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y director general de TURBA (Televisión Urbana de Buenos Aires), un proyecto de comunicación audiovisual autogestivo. En diálogo con Prensa del Tercer Milenio, Medina celebra el fallo de la Corte Suprema que declaró la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, analiza el posicionamiento de los medios emergentes en el esquema de medios que establece la ley y da una mirada crítica al rol de la universidad pública como formadora de comunicadores.
Por Esteban Schoj
 -¿Cómo recibiste el fallo de la Corte?
-Con mucha felicidad. Este fallo es el corolario de un proceso de luchas que lleva por lo menos más de dos décadas. Todos los que integraron o apoyaron la Coalición por una Comunicación Democrática no pueden menos que sentirse realizados porque aquel reclamo solitario sea hoy una victoria política. Ahora que logramos que la política derrote a los intereses económicos con una legislación que nos garantiza derechos, tenemos una batalla en dos frentes: uno político y otro cultural.

-¿Cuál es el político?

-El frente político se vincula a la operativización de la ley y la batalla pasa porque esta se condiga con el espíritu que le dio origen. En la práctica, esto significa que su reglamentación debe ser puesta en revista. El criterio para acceder a licencias no puede ser fundamentalmente económico. Debe atender aspectos ligados a la sustentabilidad, sin dudas. Debe también observarse el proyecto político-cultural detrás de cada aspirante a licencia, también. Incluso, el grado de institucionalidad puede ser un argumento que despeje trasnochados de actores constituidos con trayectoria y proyecto, aunque tampoco debiera ser motivo de exclusión, sino de inclusión por la vía de la promoción, acompañamiento y accesoria por parte del Estado. Pero el acceso a pliegos, por lo menos en proyectos de mediana escala, no puede ser regido exclusivamente por la capacidad pecuniaria. El otro aspecto político es la vigilancia permanente respecto a la interpretación de los intersticios legales que habilitan una nueva concentración empresarial en el sector. Los acuerdos tácticos que el Gobierno estableció con otros empresarios de medios lesionan el espíritu de la ley. Todo esto debe ser cuidadosamente revisto y vigilado de cara a futuras gestiones. No menor es la parte que le toca gestionar al Estado. Aquí hay que ser muy cuidadosos y estar a la altura de un sistema público de medios al que ya ni requiere, ni le suma, el paradigma Szpolski. Necesitamos allí más propuestas como Encuentro. Mas direccionadas al desafió de contenidos culturales y educativos de calidad, que a las urgencias coyunturales políticas. Creo que de eso debemos ocuparnos el archipiélago de medios autogestivos. Y seguramente lo aremos más provocativo, interesante y efectivo que el agotado esquema de Wirtz, que sólo predica entre los conversos.


-¿Y el cultural?

-En el frente cultural, la pelota está en nuestra cancha. Lo primero es superar nuestra propia cultura política, es decir, la insistencia en que cada grupo, organización, colectivo, deba necesariamente gestionar un medio. Esta concepción, que nace con la idea de Lenin de que “a cada fracción, una prensa”, no puede garantizar que cada actor pueda producir las diez horas diarias de programación requeridas. Hay que ir hacia una cultura de la articulación y cooperación que pueda garantizar grillas de contenidos para todos los medios emergentes. Vale decir, quizá no todos podremos tener un medio, pero podemos ser valiosas productoras de contenidos. Esto es un poco lo que el AFSCA viene impulsando a partir de los encuentros regionales y nacionales de PACs (Productoras Audiovisuales Comunitarias). El problema es que lo haga más por gambetear el ríspido tema de la confección del plan técnico para la asignación de licencias, que como una promoción efectiva para el sector. Habrá que ver, a veces los tiempos políticos no son los de nuestras ansias, pero la cosa aún esta más verde de lo esperado para la política insignia del kirchnerismo. Otro tema cultural que aqueja al sector es una cierta mirada filantrópica, voluntarista e ingenua a cargo de las ONGs y fundaciones. Se trata de que el mote de “sin fines de lucro” es leído como la nula posibilidad de garantizar producción y trabajo para el sector. Esta discusión, que en el caso del sector cooperativo esta recontra saldada, representa hoy un verdadero escollo para que podamos organizarnos en igualdad de condiciones frente a los pulpos derrotados, pero no aun desplazados. En cada encuentro, foro, ámbito de debate, hay que salir a aclarar que el lucro es otra cosa. Que no nos rige el cruel criterio de maximización de ganancia capitalista que prioriza esto por sobre el empleo y la ética en la producción de contenidos; sino la mejora de la calidad de vida en nuestra comunidad. Y esto último sólo se logra con sustentabilidad y generación de empleo, y sólo así se garantiza la producción de trabajo simbólico puesto al servicio de la transformación social. Que el sector sin fines de lucro no pueda pensarse como trabajadores de la comunicación es una de los mayores peligros para constituirnos como un actor capas de disputarle a las corporaciones.

-La universidad pública, ¿forma comunicadores que puedan aprovechar los avances que otorga esta Ley de Medios?

-En algún sentido hay algo de la impronta universitaria flotando en estas concepciones. Las experiencias de comunicación “alternativa”, “autogestiva”, “contrainformativa” o comunitaria en un sentido sesgado, generaron durante mucho tiempo esta idea culposa de la comunicación popular. Es que la academia es bipolar en el peor sentido. Se dice progresista pero forma “intelectuales críticos” que terminan oficiando de técnicos-generadores de contenidos sin la menor capacidad de gestión de proyectos. Temen que una aproximación al sector productivo los transforme súbitamente en “microcapitalistas”. Como generalmente el corte de clase profesoral les garantiza un buen pasar, condenan a cohortes enteras de estudiantes y graduados a ser aspirantes a empleados de multinacionales de medios o reproducir la lógica de la “intelectualidad critica” intra-academia, donde una cátedra amiga los acogerá y les permitirá una carrera de prestigios intra-muro agiornándose a la discursividad dominante de luchas obreras en abstracto. No hay formación emprendedora en la academia. En el campo de la comunicación muchos saben cómo armar una pirámide invertida, pero pocos como poner un periódico en un circuito de distribución. Hacemos pan, pero no sabemos hacerlo llegar a la mesa de nadie. Por eso es interesantísimo que la ley de AReCIA (Asociación de Revistas Culturales e Independientes de la Argentina) introduzca este ítem entre su proyecto de ley para el fomento de las revistas culturales independientes. El último aspecto cultural que creo que debemos vencer, se vincula de alguna manera con el anterior. La gran mayoría de iniciativas comunicacionales que se pretenden alternativas, no pueden superar el microclima de “universitarios progres” que les dio origen. Tenemos el gran desafió de construir una comunicación popular masiva. “Nuevas voces” es un slogan vació si no podemos interpelar a nuevas audiencias. Y nuevas audiencias no sólo implica nuevos temas, nuevas inquietudes, sino un desplazamiento de la actual TV chatarra a una TV más humana, pero no por ello, menos entretenida, menos movilizadora. Y esto está muchas veces más vinculado con la forma que con los temas. Tenemos que ser más arriesgados, abandonar la pretensión del lenguaje rupturista. Tenemos que establecer un código común con las actuales audiencias de los medios masivos. Esto implica negociaciones en el contrato de lecturas. Concesiones mutuas. Operaciones de apropiación, pillaje y contrabando de y en los géneros y formatos que hoy mismo utiliza el status quo mediático. – See more at: http://www.prensa3m.com/noticia.php?id=2013-10-31-qtenemos-el-gran-desafio-de-construir-una-comunicacion-popular-masiva%94#sthash.w7AN0JeY.B81gkxDQ.dpuf